
Encuentros Diarios
Noviembre 20, 2008
1. Largos sufrimientos contra sufrimientos largos
“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.”1
A un hombre la que llamaré Jerry, su esposa le había pedido el divorcio hacia ya veinte años. Ella se había vuelto a casar con otro hombre. Pero Jerry aun vivía bajo la ilusión de que ella volvería a él.
En vez de crecer a través del largo sufrimiento, Jerry aun llora en sufrimiento a pesar de todo este tiempo… lo que le ha robado la paz y la felicidad y no lo ha dejado continuar con su vida (y crecer)—y hace que este tipo de sufrimiento sea inútil. El propósito que Dios tiene para el sufrimiento es que nos ayude a crecer, a aprender a ser pacientes, a ser mejores, más saludables y a ser unas personas realizadas y en paz con nosotros mismos.
Un sufrimiento largo es cuando podemos cambiar nuestras circunstancias (o por lo menos nuestra actitud), pero seguimos hacienda lo que hemos hecho hasta el momento y esperamos resultados diferentes. Pero como lo dice el refrán, “Nada puede cambiar si nada cambia.”
Por desgracia, cuando estamos ciegos a la realidad de lo que nosotros contribuimos a la situación en la que estamos y seguimos esperando a que cambie, por lo regular continuamos haciendo lo que habíamos estado haciendo hasta el momento. Y después mientras permanecemos en nuestro dolor jugamos el juego de las excusas, el juego de la racionalización y/o el juego de la culpa … culpando a otros, Dios o al diablo por nuestras desgracias y miserias—pero fallamos en el hecho de que no tomamos la responsabilidad personal de cambiar por nosotros mismos.
¿Y cómo lo sé? He estado allí—lo he hecho. Como quisiera que me hubiesen enseñado esa lección en la escuela dominical—o en el colegio.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, en las palabras de alguien más, ‘Concédeme la serenidad de aceptar a las personas a las que no puedo cambiar, el calor de cambiar a la persona que puedo cambiar y la sabiduría de poder saber que esa persona soy yo.’ Gracias por escuchar y responder a mi oración. En el nombre de Jesucristo, Amén.”
1. Gálatas 5:22-23 (KJV).
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